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Sistema epónimo

    Proceso de Toynbee

    En A Study of History, la investigación del argumento del tiempo cultural, civilizatorio y de las sociedades, en su exuberante y caótica arborescencia, está fundamentada en una visión de la filosofía de la vida basada en L'evolution créatrice (1907) de Henri Bergson, obra utilizada como contrapunto a la concepción de Oswald Spengler en su Der Untergang des Abendlandes (1918-1922). Parece que las primeras imágenes, los 'compases' iniciales de A Study of History le sobrevinieron en su mente al observar a los campesinos búlgaros cubiertos con pieles de zorro, tal y como describe Herodoto a los duros y temibles soldados del ejército de Jérjes de Persia (485-465 a C). Arnold J. Toynbee, un prodigioso trabajador- investigador, sumido en e el archivo, la biblioteca, los viajes y el drama de la época, fue atesorando una inmensa erudición que vierte en esta obra oceánica. Trata el gran historiador de identificar las unidades o campos significativos del curso de la historia de la humanidad para una comprensión más profunda de la misma. Ahora bien, frente a la tradicional noción reduccionista utilizada por los historiadores de la 'nación- estado', o la difusa idea de los filósofos de la historia de 'historia universal', Toynbee elige, a partir de la Sociología, la noción de 'sociedad' como unidad compleja de larga duración y gran escala, configurada a lo largo de dos grandes estadios: el de las culturas, o sociedades primeras de la humanidad, y el de las civilizaciones.


    «Antes de proceder a la comparación sistemática de nuestras veintiuna sociedades, que es el propósito de este libro, debemos atender a ciertas posibles objeciones a limine. El primero y más simple argumento contra el procedimiento que proponemos puede formularse así: «Estas sociedades poseen características comunes más allá del hecho de que todas ellas son 'campos inteligibles de estudio', y esta característica es tan vaga y general que no puede tener valor práctico.»
    La respuesta a esto es que las sociedades que son «campos inteligibles de estudio» constituyen un género dentro del cual nuestros veintiún representantes son especies particulares. A las sociedades de esta especie se las llama ordinariamente civilizaciones para distinguirlas de las sociedades primitivas que también son «campos inteligibles de estudio» y que forman otras especies, en realidad la otra especie, dentro de este género. Nuestras veintiuna sociedades deben por tanto poseer un rasgo específico común en el hecho de que sólo ellas se hallan en proceso de civilización [...]
    Las sociedades primitivas, en su legión, son relativamente estrechas y abrazan números relativamente pequeños de seres humanos. Es probable que si pudiéramos hacer un censo de los miembros de las cinco civilizaciones vivas hoy, durante el pequeño número de siglos a través de los cuales han vivido, encontraríamos que cada uno de nuestros leviatanes, aisladamente, ha abrazado más seres humanos de los que pudieran exhibir todas las sociedades primitivas juntas desde el surgimiento de la raza humana. Sin embargo, nosotros no estamos estudiando individuos sino sociedades, y el hecho significativo para nuestros propósitos es que el número de sociedades en proceso de civilización cuya existencia conocemos es relativamente pequeño [...]
    El segundo argumento contra la comparabilidad de nuestras veintiuna civilizaciones es contrario al primero. Es el de que no hay veintiún representantes distintos de tales especies de sociedad, sino sólo una civilización: la nuestra.
    La tesis de la unidad de civilización es una errónea concepción a la que han sido llevados los historiadores occidentales modernos por la influencia de su ambiente social. El rasgo que los despista es el hecho de que, en los tiempos modernos, nuestra propia Civilización Occidental ha arrojado la red de su sistema económico alrededor del mundo, y a esta unificación económica sobre una base occidental ha seguido una unificación política que ha ido casi tan lejos, pues aunque las conquistas de los ejércitos y gobiernos occidentales no han sido ni tan extensas ni tan completas como las conquistas de los manufactureros y técnicos de Occidente, es sin embargo un hecho que todos los Estados del mundo contemporáneo forman parte de un solo sistema político de origen occidental.
    Estos son hechos sorprendentes, pero considerados como prueba de la unidad de civilización constituye una opinión superficial. Aunque los mapas económico y político han sido ahora occidentalizados, el mapa cultural sigue siendo sustancialmente lo que era antes de que nuestra Sociedad Occidental comenzara su carrera de conquista económica y política. En el plano cultural, para aquellos que tienen ojos para ver, son aún claros los lineamientos de las cuatro civilizaciones vivas no-occidentales [...]
    ¿Cuál es la diferencia esencial entre las sociedades primitivas y las superiores? [...]
    En las sociedades primitivas, por lo que sabemos, la mimesis se dirige hacia la generación más vieja y hacia los antecesores muertos que se hallan, invisibles pero no imperceptibles, a la espalda de la generación más vieja de los vivos, reforzando su prestigio. En una sociedad cuya mimesis se dirige hacia el pasado, gobierna la costumbre, y la sociedad permanece estática. Por otra parte, en las sociedades en proceso de civilización, la mimesis se dirige hacia personalidades creadoras que logran una adhesión porque son precursores [...]
    Partiendo de la mutación de las sociedades primitivas en las civilizaciones, hemos encontrado que ella consiste en la transición de una condición estática a una actividad dinámica, y encontraremos que la misma fórmula es válida para el nacimiento de civilizaciones mediante las sucesiones de proletariados internos que se separan de las minorías dominantes de civilizaciones preexistentes que han perdido su poder creador. Tales minorías dominantes son por definición estáticas, pues decir que la minoría creadora de una civilización en crecimiento ha degenerado o se ha atrofiado, convirtiéndose en la minoría dominante de una civilización en desintegración, es otro modo de decir que la sociedad en cuestión ha caído de una actividad dinámica a una condición estática [...]
    Es evidente que si las génesis de las civilizaciones son resultado de factores biológicos o del contorno geográfico actuando separadamente, deben serlo de algún género de interacción entre ellas. En otras palabras, el factor que estamos tratando de identificar es algo no simple, sino múltiple, no un ente, sino una relación. Podemos elegir entre concebir esta relación como una interacción de dos fuerzas inhumanas o como un encuentro entre dos personalidades sobrehumanas. Entreguemos nuestras mentes a la segunda de estas dos concepciones. Quizá nos lleve hacia la luz [...]
    En nuestro presente estudio de la historia se ha afirmado ya este tema insistente del encuentro sobrehumano. En un pasaje anterior hemos observado que «una sociedad... se enfrenta en el curso de su vida con una serie de problemas» y que «la presentación de cada problema es una incitación a sufrir una prueba».
    Tratemos de analizar el argumento de esta historia o drama que se repite en tan diferentes contextos y en tan diversas formas [...]
    El cambio de un estado que, por definición, es perfecto en su género sólo puede iniciarse por un impulso o motivo que viene de fuera [...]
    Con el lenguaje de la ciencia podemos decir que la función del factor intruso es proveer a aquello en que se introduce de un estímulo del tipo mejor calculado para evocar las variaciones creadoras más poderosas [...]
    A la luz de la mitología hemos obtenido algún conocimiento de la naturaleza de las incitaciones y las respuestas. Hemos llegado a ver que la creación es el resultado de un encuentro, que la génesis es un producto de la interacción. Volvamos a nuestra indagación inmediata: nuestra búsqueda del factor positivo que ha llevado a parte de la humanidad desde «la integración del uso» a la «diferenciación de la civilización» en los últimos seis mil años. Repasemos los orígenes de nuestras veintiuna civilizaciones con el fin de descubrir, por un examen empírico, si la concepción de la «incitación y respuesta» corresponde al factor que estamos buscando mejor que las hipótesis de la raza y el contorno, que hemos pesado ya en la balanza y encontrado deficientes.»
    A Study of History, 12 vols. (1934-1961)




    Arnold Toynbee
    (1852 ~ 1883)

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Selección del Theory Group
Aportaciones Generales

La palabra "epónimo", de la lengua helena clásica, identifica una idea, teoría o entidad física, con el nombre de su autor o descubridor. Aquí presentamos una relación amplia, aunque inevitablemente limitada, de ideas y teorís con el nombre de uss autores auténticos o de un discípulo o seguidor que lo acuña con su nombre. Práctica habitual en las ciencias de la naturaleza, en las ciencias sociales y el pensamiento, e incluso en la literatura no se prodiga. Pero hay ilustres ejemplos como el "teorema de Thomas" acuñado por Merton. Existe, a modo de detalle curioso, una "ley de los epónimos", idea de Stigler (ley de Stigler) que sentencia que "ningún descubrimiento científico recibe el nombre de quien lo descubrió en primer lugar". Pasen y vean.

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